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To contact David Vostell, email: officemad@gmail.com
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David Vostell
Filmography/Discography 1979-2009:
1979 - 36574 Bilder, (Experimental Super 8 Short Film)
1980 - E. D., (Documentary Video)
1982 - Das Porträt, (Documentary Super 8 Short Film)
1982 - E.d.H.R., (Documentary 16 mm Film)
1982/84 - Ginger Hel, (16 mm Short Feature Film)
1985 - Homo Sapiens, (Experimental Music Video)
1985 - Lost in Life, (Experimental Music Video)
1985 - She is so nice, (Experimental Music Video)
1985 - Tutila, (Experimental Music Video)
1986 - Cabala Música, (Experimental Music Video)
1986 - Blue way in, (Experimental Music Video)
1987 - Blood and Cokee, (Experimental Music Video)
1989 - Coma Amazonica, (Documentary Video)
1990 - Das Wesen der Erde/The Being from Earth/El Ser de la Tierra, (Feature Film)
1992 - Rückblick 92, (Documentary Video)
1992 - Bestia Picra, (Documentary Video)
Books:
1996 - Sketch Book 95/96,
1998 - Sketch Book 97/98,
Discography:
2003 - Sinfonía nº 1,
2004 - Sinfonía nº 2,(CD release)
2005 - Fórmulas de la Vida, (Suite)
2006 - El Universo es Música, (Soundtrack)
2007 - Influences, (Suite)
2008 - EEM/Erotic Enlightenment Mythologies, (Suite)
2009 - Vddch/Viaje dentro del cuerpo humano/Voyage inside the human body/Reise durch den meschlichen Körper, (Soundtrack)
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Das filmische Werk von David Vostell ist von einer konsequenten Alogik gezeichnet.
Gegen alle Regeln des Films und der Video-Clips stemmt sich seine Arbeitsweise vehement. Makellose Ästhetik und Perfektion im Kino oder auf dem Bildschirm zu kreieren, ist nie seine Intention. David Vostell scheint keine Gesetze der Filmkunst oder der konventionellen Erzählstruktur kennen zu wollen.
Schon 1984 mit seinem Kurzfilm Ginger Hel zeigt sich, das er in keine Schublade reinpassen will. Rätselhafte Spielszenen mischen sich mit Sequenzen die eigentlich Musik- Videos sind. In seinen experimentellen Musik-Videos Homo Sapiens von 1985 oder Blood and Cokee von 1987, bei denen er Musik von Din A Testbild mit seinen bizarren, extrem verwackelten und sich penetrant wiederholenden Szenen kreuzt, hat er sich von allen Regeln des Filmhandwerks gelöst.
David Vostells The Being from Earth von 1990 ist ein Spielfilm von einzigartiger Individualität. Ein paar Schauspieler und ein Wesen, eine Mischung aus Tier und Pflanze, geboren aus der Erde. Skurrile Dialoge, rätselhafte Handlung und eine undurchsichtige Geschichte machen David Vostell zum Aussenseiter des Films, und das gerade zeichnet ihn aus. Als wenn einer alle Gebote der Erzählweise brechen müsse um uns Betrachter nicht nur unterhalten zu wollen sondern uns zu zeigen das auch der Film frei von Regeln sein muss um uns neue Sehweisen anbieten zu können.
Tobias Berger, 2009
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En los filmes de David Vostell como Ginger Hel, de 1982, o
El ser de la Tierra, de 1990, encontramos la presencia de lo monstruoso, solamente aceptado por seres que conservan un cierto desvalimiento, una inocencia como la sentida por la niña ante la Criatura del Doctor Frankestein; el extraterrestre, el monstruo, nos devuelven las imágenes de nuestro propio inconsciente; el artista actúa como chamán, adopta el punto de vista de la inocencia para enfrentarse a las pesadillas de un mundo feliz. En las obras más recientes, el recorrido por toda la parafernalia de la modernidad le lleva a recuperar a viejos maestros, enfrentándose mediante la tecnología de los bits sin peso a ese sentimiento de aflicción ante la historia. Frente al Siglo de las Luces, donde el marco supone la vigencia de la representación y de un orden que estaba en la propia naturaleza; frente a un siglo XIX que cree encontrar en lo invisible, en la terrible selección natural, el núcleo de la explicación de la propia vida, las vanguardias y los movimientos artísticos del siglo XX se cargan de nihilismo, a veces dramático. Las fórmulas matemáticas entreveradas en las creaciones de David Vostell nos hablan del carácter sagrado de los números, no de su absoluta verdad: se convierten en un signo más de nuestra incapacidad para entender el mundo. David Vostell tampoco quiere o debe entenderlo, más bien toda obra es una transfiguración, un fogonazo en la negrura del no-ser.
El ser de la Tierra, de 1990, encontramos la presencia de lo monstruoso, solamente aceptado por seres que conservan un cierto desvalimiento, una inocencia como la sentida por la niña ante la Criatura del Doctor Frankestein; el extraterrestre, el monstruo, nos devuelven las imágenes de nuestro propio inconsciente; el artista actúa como chamán, adopta el punto de vista de la inocencia para enfrentarse a las pesadillas de un mundo feliz. En las obras más recientes, el recorrido por toda la parafernalia de la modernidad le lleva a recuperar a viejos maestros, enfrentándose mediante la tecnología de los bits sin peso a ese sentimiento de aflicción ante la historia. Frente al Siglo de las Luces, donde el marco supone la vigencia de la representación y de un orden que estaba en la propia naturaleza; frente a un siglo XIX que cree encontrar en lo invisible, en la terrible selección natural, el núcleo de la explicación de la propia vida, las vanguardias y los movimientos artísticos del siglo XX se cargan de nihilismo, a veces dramático. Las fórmulas matemáticas entreveradas en las creaciones de David Vostell nos hablan del carácter sagrado de los números, no de su absoluta verdad: se convierten en un signo más de nuestra incapacidad para entender el mundo. David Vostell tampoco quiere o debe entenderlo, más bien toda obra es una transfiguración, un fogonazo en la negrura del no-ser.
Rogelio Pérez Mariño, 2009
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A principios de los años 80, Pedro Almodóvar era funcionario de Telefónica, aunque ya había estrenado su película Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Nunca olvidaré aquel estreno en los bajos de Princesa a la una de la mañana donde no faltaba nadie, estábamos todos. Antonio Banderas disfrutaba de su primer papel en el teatro madrileño María Guerrero, de extra sin texto, estaba buenísimo, en el proscenio con una lanza en la mano y recién llegado de Málaga con ocho mil pesetas. Rosy de Palma, musa picasiana del cubismo por su nariz pegada a ella, intentaba ser cantante con Peor Imposible. Fanny McNamara escribía con el seudónimo Patty Diphusa artículos explosivos. Alaska, aún llamada Olvido, era una inmigrante recién llegada de Méjico. Bibi Anderson, hoy Bibiana Fernández, estaba por terminar y una caterva de modernos que despuntarían con el tiempo y que alternaban por Chueca, en Ras bailando Embrujada del inolvidable Tino Casal. La peluquería que dirigía Rafael en Conde de Xiquena, igual que los diseñadores Juaquín Berao, Pedro del Hierro, Enrique del Pozo, Manuel Piña y Enrique P., primera víctima de la terrible pandemia, se establecían en la zona Xiquena-Almirante para fomentar el consumo. Diseñadores con nuevas propuestas, con nuevos aires como Alvarado, cuyo pase de moda realizado en el mítico Rock-Ola impresionó tanto como Maribel González con aquel cardado espectacular que le hice. Los artistas buscaban nuevos horizontes y fueron los que gestaron aquellos tiempos llamados Movida Madrileña despertando a España de un largo letargo de 40 años al ritmo de cuatro locas bailando Voy a Ser Mamá en la Plaza Vázquez de Mella con Almodóvar en el escenario con rulos en el pelo y bata de guatiné acompañado de Fanny embutido en unas medias llenas de tomates.
Fue por 1983 cuando recibí un envío tuyo desde Berlín. Una promoción de tu cortometraje Ginger Hel - Ein Film von David Vostell, con una pegatina enorme que me resultó modernísima entonces y ahora, y que conservo con cariño después de tanto tiempo. Me sumergí en un mundo extraño, una sucesión de bellísimos fotogramas de un sintético minimalismo realmente cautivador. Ginger Hel, una historia de amor con una estética nueva, revolucionaria la música electrónica de Mark Eins, el vestuario, la ambientación, y con secuencias de vídeo musical incrustados en la narración como en la zarzuela española o el Bollywood...Genial aquella mezcla.
Un mundo extraño, una diosa de la mitología y vampiros invadidos por el hedor y la putrefacción de la muerte conviviendo por igual con la sublime belleza de la perfección, un triángulo amoroso con personajes tatuados expresando exteriormente las internas heridas del alma en una estética gótica pionera de tiempos venideros con retazos clásicos y expresionistas de los maestros del cine mudo de Murnau y Lang.
Todo lo tuyo David Vostell, es una mezcla vanguardista.
West Berlín, esa isla cultural, protegida por aquel vergonzoso muro que vimos caer algunos años después, donde se respiraban aires nuevos en una libertad casi sin limitaciones ni censuras. Desde Madrid mirábamos allá con expectación mientras aquí sufríamos los estructurados cardados, las hombreras imponentemente impracticables o el imposible peinado de la auténtica Paloma Chamorro, única anfitriona de modernidad y vanguardias europeas en el maravilloso programa La Edad de Oro por el que los martes nos peleábamos por los asientos de autobuses que salían de la Plaza de España atiborrados de una jauría dispuesta a aplaudir en la grabación televisiva. Otro estreno que nunca olvidaré fue en el 1985 de dos vídeos musicales experimentales tuyos. Homo Sapiens y Lost in Life, que realizastes con la entonces nueva tecnología VHS más económica que el celuloide. Después de ver esos vídeos tuyos en mi casa había que enseñarlos a la Movida Madrileña. Su estreno lo tuvieron en la discoteca Friends en Puerta de Toledo, sitio puntero en el ambiente madrileño, en unos 70 monitores amontonados en el fondo de la barra donde se encontraba al entonces desconocido Javier Bardem. También distribuimos esos vídeos tuyos en Archy, Voltereta y Ras donde los vimos muchas veces en las noches de copas en los monitores como un icono de modernidad. Homo Sapiens, donde encontramos una forma trepidante de narración del retrato verdadero del hombre como testimonio de costumbres y quehaceres del momento en una repetición de imágenes muriendo distorsionadas con interferencias y cortes provocados como en la vida misma hasta el colapso final. Una fotografía en negativo trastocando la percepción con los colores vivos e intensos transgrediendo los habituales cánones cinematográficos con la vanguardia musical electrónica de Mark Eins. Realmente impactante en el momento. Lost In Life nos sumerge en una valiente reflexión, tocando tabúes presentes en un cócktel de ingredientes fuertes. Guerras reales y ficticias filmadas del propio televisor, el visor del mundo. Hard-Core, sexo sádico, látex, provocación. Todo bajo una música con un matiz clásico como fondo acústico y usando la cámara como pincel en un retrato provocador del hombre y la realidad.Todo es extraño sin control ni estética. Tus vídeos musicales de aquel momento son una antiestética que nos lleva a tomas desenfocadas, planos repetidos, secuencias movidas sin control, planos tomados al libre albedrío; en realidad aquéllo era un manifiesto contra el buen hacer del cine, contra todas las normas, contra todo lo establecido.
Un fascinante experimento esos vídeo. Desde que se puede ver de nuevo toda esa trayectoria tuya en vimeo, pongo tus vídeos y películas de fondo musical en mi peluquería y me remonto a tiempos anteriores y me abordan recuerdos de tantos años de amistad. He recordado y he descubierto de nuevo lo que me has dado en mi vida y el granito de arena que has aportado a la Movida Madrileña.
Joaquín Aguilera, 2009
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Con extrañas e inexplicables escenas y con lo inclasificable, las peliculas de David Vostell se internan en la incertidumbre.
Angelique, 2009
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In the 1970s a Super-8 camera was a real cool gadget. We use to combine our creative juices and whenever inspiration urges us, the time of despair is over. So we take a deep breath - LSD in Wonderland, and by all humble means - video has to be dirty! David Vostell is member of the odd an uncommon and we appreciate the beauty and uniqueness of his video style.
T.C. , 2009
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